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Miriam tiene 43 años y sufre anorexia. “En el trabajo hacía muchas horas y no comía, y cuando llegaba a casa cenaba, entonces hacía muchos ayunos”, cuenta.

La comida se convirtió en una forma de controlar su vida. “Yo creo que me acogí al tema de la comida porque era lo único que podía controlar dentro de mi futuro. O sea, yo sé lo que voy a comer mañana, yo sé lo que me puedo preparar para comer mañana, pero no sé qué va a ser de mi mañana”, explica. Por el camino dejó su trabajo y tuvo problemas de pareja.

Pero como ella, cada vez más mujeres mayores sufren trastornos de la conducta alimentaria. “Son pacientes que presentaban un trastorno alimentario muy leve o larvado y que por una circunstancia estresante, una pérdida de un trabajo, una separación matrimonial o una enfermedad, a partir de ahí se puede manifestar una enfermedad que ya estaba pero no se manifestaba“, afirma el psiquiatra y director asistencial de ITA, Gustavo Faus.

En el 90% de los casos, las alarmas saltan con la realización de una dieta, pero estos trastornos, dicen los expertos, tienen que ver con problemas de autoestima mucho más graves.

“Hace 10 años no había los conocimientos entre los profesionales para diagnosticarla como tal, y estaban mucho más enmascaradas, quizás por la edad, y se podía diagnosticar como un trastorno afectivo, como un trastorno depresivo”, presidenta del XII Congreso Hispano Latinoamericano de TCA.

Hoy es posible diagnosticarlas antes y mejor para poder iniciar un tratamiento interdisciplinar y a largo plazo.

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