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comprender la Imagen Corporal en la Adolescencia

Una etapa clave para la identidad y la autoestima

La adolescencia es un momento de intensos cambios físicos, sociales y emocionales. Durante esta etapa, muchos jóvenes se vuelven especialmente sensibles a su imagen corporal, es decir, a cómo perciben su cuerpo y cómo creen que los demás lo ven. Esta percepción puede tener un impacto profundo en su autoestima, en su relación con la comida y en su bienestar emocional.

La imagen corporal no se construye únicamente desde la experiencia individual: está fuertemente influenciada por el entorno familiar, las redes sociales, los medios de comunicación y los mensajes culturales que circulan en torno al cuerpo.


¿Qué es una imagen corporal saludable?

Una imagen corporal saludable implica aceptar el cuerpo tal como es, cuidarlo y reconocer su valor más allá de la apariencia física. Es poder reconocer que el cuerpo cambia, que tiene días mejores y peores, y que merece respeto y cuidado en cualquier etapa.

Por el contrario, una imagen corporal negativa suele ir acompañada de vergüenza, comparación constante, insatisfacción, ansiedad y, en algunos casos, puede ser el inicio de un trastorno de la conducta alimentaria.


Lo que las familias comunican, incluso sin querer

En el entorno familiar se construyen muchas de las creencias que los niños, niñas y adolescentes desarrollan sobre sus cuerpos. A veces, sin darnos cuenta, transmitimos mensajes que refuerzan la idea de que el valor personal depende del aspecto físico:

  • Comentarios negativos sobre nuestro propio cuerpo (“me sobran kilos”, “odio mis piernas”).
  • Elogios centrados únicamente en el aspecto (“qué guapa estás, has adelgazado”).
  • Conversaciones constantes sobre dietas, peso o alimentos “prohibidos”.
  • Críticas hacia el cuerpo de otras personas, incluso con humor o aparentemente inofensivas.

Estas actitudes, repetidas a lo largo del tiempo, van modelando cómo los adolescentes se relacionan con su cuerpo. Por eso, lo que se dice en casa —y lo que se calla— importa más de lo que pensamos.


Cómo ayudar desde casa a desarrollar una relación más sana con el cuerpo

Aquí compartimos algunas recomendaciones que pueden ayudar a fomentar una imagen corporal positiva desde el entorno familiar:

1. Cuida tu propio lenguaje corporal y verbal

Evita hacer comentarios negativos sobre tu cuerpo delante de tus hijos/as. Mostrar una actitud de respeto hacia uno mismo es una poderosa forma de educar.

2. No hables de dietas ni de peso como objetivos

En lugar de centrar las conversaciones en adelgazar o “comer bien”, habla de cuidar el cuerpo, de moverse por placer, de descansar, de sentirse bien.

3. Fomenta el agradecimiento hacia el cuerpo

El cuerpo no es solo una imagen. Es movimiento, respiración, emoción. Ayuda a que los jóvenes valoren su cuerpo por lo que les permite hacer.

4. Promueve la diversidad corporal

No todos los cuerpos son iguales, y está bien que así sea. Evita idealizar determinadas tallas, formas o tipos físicos. En su lugar, valida y normaliza la diferencia.

5. Escucha las emociones detrás del malestar corporal

Si un adolescente expresa rechazo hacia su cuerpo, no lo minimices (“no digas eso”, “si estás genial”) ni cambies de tema. Escucha, pregunta, acompaña.


Cuando ya hay señales de malestar

Si notas que tu hijo o hija expresa constantemente insatisfacción con su cuerpo, evita centrarte solo en lo físico. A menudo, hay emociones difíciles detrás: inseguridad, tristeza, necesidad de pertenencia, miedo al rechazo. Detectar estas señales a tiempo puede prevenir situaciones más graves como los trastornos de la conducta alimentaria.

En ACABE trabajamos con muchas familias que se enfrentan a estas dificultades. Por eso, ofrecemos acompañamiento especializado y espacios de orientación para madres, padres y cuidadores, donde abordar estas cuestiones desde la escucha, la comprensión y la práctica.


Un entorno familiar que cuida, no que presiona

El cuerpo de cada persona merece respeto, sea cual sea su forma, su talla o su historia. La familia puede convertirse en un refugio seguro frente a los mensajes dañinos que la sociedad transmite sobre el cuerpo. Un espacio donde se puede crecer sin miedo, sin vergüenza, y con la seguridad de que el valor personal no depende de un espejo.

Cuidar la imagen corporal es también cuidar la salud mental.

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