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Como psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria (TCA), sé que el camino hacia la sanación puede parecer una montaña rusa inalcanzable, tanto para quien lo padece como para su familia. Sin embargo, es fundamental entender que los TCA son trastornos cerebrales con base biológica y una etiología increíblemente compleja, donde la mayoría de los factores están fuera del control del paciente. La recuperación no es una cuestión de «fuerza de voluntad», sino de adquirir herramientas específicas para reconstruir una vida que valga la pena vivir.

  1. Entender la función: El TCA no es el problema, es una «solución»

Una de las realidades más difíciles de aceptar es que las conductas del trastorno alimentario (restricción, atracones, purgas) tienen una función. Para el paciente, el TCA suele ser un mecanismo para manejar el malestar emocional intenso, entumecer el dolor o sentir control en un mundo que percibe como caótico. Como profesionales, no vemos estas conductas como manipulación, sino como un intento desesperado de regular emociones que se sienten intolerables.

  1. Reiniciar el cerebro: La biología es lo primero

Es imposible realizar un trabajo psicológico profundo si el cerebro está desnutrido. Un cerebro con hambre entra en un modo de rigidez cognitiva y obsesividad, lo que alimenta los rituales y la inflexibilidad. Por ello, el primer paso clínico es la «Regla de Tres»: realizar tres comidas y tres meriendas al día, sin pasar más de tres horas sin comer. Esta regularidad biológica es el cimiento necesario para que el pensamiento vuelva a ser flexible y se pueda trabajar en la terapia.

  1. Diferenciar el «Yo Sano» del «Yo del Trastorno»

En consulta, trabajamos para que el paciente aprenda a identificar la «voz del trastorno alimentario». Esta voz suele ser punitiva, crítica y cruel, actuando como un acosador interno. La recuperación consiste en fortalecer el Yo Sano, esa parte del individuo que es amable, sabia y que desea el bienestar. Aprender a neutralizar y desafiar estos pensamientos negativos es una habilidad imperativa para evitar recaídas.

  1. 4. Las nueve habilidades fundamentales para sanar

Para lograr una recuperación duradera, nos enfocamos en el desarrollo de habilidades fundamentales que a menudo están ausentes en quienes sufren un TCA:

  • Conexión mente-cuerpo: Aprender a escuchar de nuevo las señales biológicas de hambre y saciedad.
  • Autocompasión y autocuidado: Tratarse con la misma ternura con la que se trataría a un ser querido, rompiendo el ciclo de autodesprecio.
  • Resiliencia emocional: Identificar disparadores y tolerar el malestar sin recurrir a la comida como escape.
  • Uso de la voz auténtica: Aprender a comunicar necesidades y establecer límites de forma asertiva, en lugar de hacerlo a través del cuerpo.
  1. El papel crucial de la familia: Validación sobre juicio

Para los familiares, el consejo más importante es: validen la emoción, no la conducta desadaptativa. La validación disminuye la activación emocional del paciente y fortalece el vínculo terapéutico. Es vital entender que el paciente está haciendo lo mejor que puede en este momento, pero que necesita su apoyo para aprender a hacerlo mejor. En el caso de niños y adolescentes, los padres son agentes fundamentales de cambio, asumiendo inicialmente la responsabilidad de la renutrición hasta que el paciente recupere su autonomía.

Una nota sobre la neurodiversidad

Recientes investigaciones destacan un vínculo importante entre rasgos autistas (como la rigidez de pensamiento y la hipersensibilidad sensorial) y los TCA. En estos casos, la insatisfacción corporal puede estar ligada a una falta de familiaridad con el propio cuerpo o a una sobrecarga sensorial, lo que requiere un enfoque terapéutico aún más especializado y adaptado.

Recuerda: La recuperación no es un camino lineal. Habrá retrocesos, pero cada uno es una oportunidad para aprender qué habilidades necesitan más práctica. La sanación total es posible, y el primer paso es romper el silencio y buscar un equipo multidisciplinar que te acompañe

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