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Autoestima corporal

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  • junio 3, 2025
  • por acabegipuzkoa
  • autoestima, imagen corporal, prevención,
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Autoestima corporal: cómo aprendemos a vernos mal y cómo podemos reconciliarnos con nuestro cuerpo

En una sociedad obsesionada con la imagen y los estándares imposibles de belleza, aprender a sentirse a gusto en el propio cuerpo se ha vuelto una tarea compleja y, a menudo, dolorosa. Muchas personas —especialmente mujeres, pero también hombres, personas no binarias y adolescentes— desarrollan una relación tensa con su imagen corporal. Esta tensión puede llegar a influir en su autoestima, sus vínculos y su bienestar emocional, siendo además un factor de riesgo en el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria.

¿Qué es la imagen corporal?

La imagen corporal es la representación mental y emocional que una persona tiene de su propio cuerpo. No es una imagen objetiva ni se basa en datos reales (como el peso o la talla), sino en la interpretación subjetiva que cada persona hace al mirarse al espejo, pensar en su cuerpo o compararse con los demás.

Incluye:

  • Cómo vemos nuestro cuerpo (imagen perceptiva),
  • Cómo nos sentimos con respecto a él (imagen afectiva),
  • Cómo creemos que nos ven los demás (imagen social),
  • Y qué comportamientos adoptamos en relación con él (como evitar la ropa ajustada, no ir a la playa, hacer dieta, etc.).

¿Cómo aprendemos a tener una imagen negativa de nuestro cuerpo?

La construcción de la imagen corporal comienza en la infancia y se ve fuertemente influida por el entorno familiar, escolar, social y mediático. Algunos factores que fomentan una imagen corporal negativa son:

  • Comentarios críticos o comparaciones familiares sobre el cuerpo.
  • Burlas o bullying escolar relacionados con el físico.
  • Exposición constante a imágenes irreales en redes sociales, televisión o publicidad.
  • Asociar delgadez con éxito, belleza o valor personal.
  • Experiencias de discriminación por el peso (gordofobia).

Este aprendizaje deja una huella emocional que, en algunos casos, se transforma en vergüenza corporal, conductas de evitación social o control excesivo del cuerpo mediante dieta, ejercicio o incluso autolesión.

¿Qué consecuencias tiene una mala imagen corporal?

Una imagen corporal distorsionada o muy negativa puede derivar en problemas de salud física y mental. Algunas de las consecuencias más frecuentes incluyen:

  • Baja autoestima general.
  • Aislamiento social o dificultad en las relaciones íntimas.
  • Ansiedad, depresión o trastornos del estado de ánimo.
  • Trastornos de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia, trastorno por atracón, ortorexia).
  • Dificultad para aceptar los cambios naturales del cuerpo (pubertad, embarazo, envejecimiento, enfermedad).

¿Cómo podemos sanar nuestra relación con el cuerpo?

Reconciliarse con el propio cuerpo no implica necesariamente «amarlo siempre» o cumplir con ideales estéticos. Se trata más bien de caminar hacia una relación de respeto, escucha y aceptación. Algunas claves para empezar:

  • Tomar conciencia de los mensajes que recibimos sobre el cuerpo y cuestionarlos.
  • Identificar los pensamientos autocríticos y practicar una mirada más amable y compasiva.
  • Reconectar con el cuerpo desde la funcionalidad, no solo desde la apariencia (agradecer lo que el cuerpo nos permite hacer: abrazar, moverse, respirar…).
  • Evitar la comparación constante con otras personas, sobre todo en redes sociales.
  • Incluir hábitos que cuiden el cuerpo desde el autocuidado, no desde la exigencia (comer con respeto, descansar, moverse con placer).
  • Buscar ayuda profesional cuando hay un sufrimiento importante o interferencia en la vida cotidiana.

Lo que proponemos desde ACABE

En ACABE trabajamos para prevenir y acompañar los trastornos alimentarios desde una mirada integral. Sabemos que la insatisfacción corporal no es superficial ni un problema de vanidad: es una herida emocional que merece ser comprendida y atendida con respeto.

Creemos que educar en autoestima corporal desde edades tempranas, promover entornos inclusivos y brindar espacios seguros donde hablar de estas dificultades es una tarea de salud pública. Por eso, ofrecemos grupos de apoyo, talleres y atención psicológica especializada para personas que quieren mejorar su relación con su cuerpo y su alimentación.

 

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